Vivir en una Zona de Sacrificio

Zonas de Sacrificio #ChaoCarbon.

Por medio de relatos colectivos:

Campaña «Vivir en una Zona de Sacrificio», busca el cierre definitivo de las centrales termoeléctricas a carbón.

A raíz de la compleja ola de intoxicaciones ocurrida recientemente en Quintero y Puchuncaví, diversas organizaciones, dirigentes sociales y habitantes de las llamadas Zonas de Sacrificio han impulsado la campaña «Vivir en una Zona de Sacrificio» de la coalición #ChaoCarbon, para generar conciencia de los riesgos que implica vivir en estas zonas contaminadas y pedir al Gobierno que cierre las 28 termoeléctricas a carbón que operan actualmente en el país. 

 

 

“Señor Presidente, por favor, cierre las termoeléctricas a carbón de las zonas de sacrificio. Nuestros compatriotas están muriendo”. Este es el dramático llamado que dirigentes locales, organizaciones nacionales, músicos, actores, parlamentarios, concejales y periodistas, entre otros, hacen al primer mandatario. La petición es clara y contundente: que se haga cargo del mandato constitucional, ético y político, de proteger el derecho a la salud y la vida de los chilenos a vivir en un ambiente libre de contaminación.

Esta campaña surge en respuesta al complejo escenario de más de mil quinientos niños y adultos intoxicados recientemente en Quintero y Puchuncaví. La petición al presidente, Sebastián Piñera es a que cierre las 28 termoeléctricas a carbón que operan actualmente en el país que, dada su concentrada localización y contaminación, afectan gravemente a cinco comunas denominadas Zonas de Sacrificio: Tocopilla, Mejillones, Huasco, la bahía de Quintero-Puchuncaví y Coronel.

 

Cabe destacar que a principios de año el Gobierno suscribió un acuerdo voluntario con varias empresas generadoras de energía para terminar con la instalación de nuevas centrales basadas en carbón y eliminar paulatinamente las actuales plantas, sin embargo éste aún no cuenta con plazos definidos para llevarlo a cabo. Por lo mismo la campaña busca agilizar el proceso de descarbonización al que se comprometieron ambas partes.

Las intoxicaciones masivas sufridas en agosto y septiembre por la población de Quintero impulsaron el debate en torno a la exposición y riesgos que viven miles de habitantes en estas zonas altamente contaminadas. Actualmente, estas industrias contaminantes emiten un 97% del dióxido de azufre, un 91% del dióxido de carbono y un 88% del material particulado del parque eléctrico nacional. Estos gases contaminantes afectan a Mejillones donde operan 8 carboneras, Tocopilla con 7 carboneras, Huasco con 5, Quintero-Puchuncaví con 4 y Coronel con 3, situación ante la cual han sido declaradas zonas latentes o saturadas de contaminantes.

Los impactos sobre la salud, procedentes de generación eléctrica basada en la combustión de carbón, han sido alertados por la Organización Mundial de la Salud y ampliamente conocidos por la comunidad médica internacional, que ha hecho un llamado a cerrar o reconvertir dichas plantas como un imperativo para el resguardo de la salud pública.

 

 

Con más de un centenar de videos, la campaña ciudadana #CHAOCARBON reúne tanto a líderes de opinión como a personas de las comunidades. Por ejemplo, al grupo Mujeres de Zonas de Sacrificio, quienes se han organizado para dar a conocer a todo Chile la dura realidad de quienes viven día a día bajo la contaminación atmosférica, de aguas y de suelo. En el sitio web de la campaña www.chaocarbon.cl se reúnen firmas para que el mensaje de destacados artistas, senadores, diputados, representantes de organizaciones ecologistas y las comunidades se escuche y se haga presente en los medios.

Vivir en una zona de sacrificio es un estigma que se lleva en el cuerpo y en la memoria. Los habitantes de las cinco zonas de sacrificio de Chile: Tocopilla, Mejillones, Huasco, Puchuncaví- Quintero y Coronel, han expresado de diversas formas y en distintos momentos a todo el país y la opinión pública lo que implica la convivencia con las termoeléctricas a carbón y lo que significa para ellos cohabitar un territorio expuesto permanentemente a la contaminación en suelo, aire, mar y agua para el consumo humano.

Las personas que habitan las zonas de sacrificio y los ecosistemas que las comprenden, han tenido que soportar por décadas la contaminación generada por este tipo de empresas, siendo gravemente expuestas a la contaminación y envenenamiento del agua, el suelo y el aire, exponiéndolas a enfermedades respiratorias, neurológicas y cardiacas, quedando en el abandono, ante un Estado que no toma medidas que remedien y reparen los diversos efectos que generan estas empresas.